
Como prometí en el artículo anterior: «Nukita, mi gata negra como un cadillac» esta es la continuación de los sucesos que siguieron al oportuno rescate y adopción de esta gatita negra, que Juan Luis recogió antes de que fuera abandonada.
En lo particular, el comportamiento que Juan Luis narra yo nunca lo he visto en una gata, ni había escuchado sobre él; pero ahí está, sucedió. Da mucho que pensar, y muy bien, sobre las relaciones entre un gato y un animal, de las que yo tengo muy buenos recuerdos personales con mi gato Mínimo.
Les dejo con el relato, que lo disfruten.





- Madrid
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Salvo circunstancias muy puntuales, quizás excepcionales, quienes rescatan de la calle un animal o lo adoptan sacándolo de una perrera o de una sociedad protectora, por lo general nunca se arrepienten. Suelen ganar un animal agradecido.





