El gato sordo

el gato LeloIniciando la categoría de «Historias de amor» dejo un relato de amor hacia los gatos. Es una historia de alegrías y también de tristezas, de hacer el bien sin esperar otra cosa que el bienestar de un animalito, malquerido por otros. Se originó en un comentario dejado en el cuarto capítulo de los posts titulados «Mucho más que un gato» que narra la historia de mi fallecido gato Mínimo. Los hechos que leerán a continuación, son narrados por Patricia, desde Santa Cruz de La Sierra, en Bolivia, ciudad que ella define como:

Una tierra llena de flora, fauna y riquezas naturales.

Ella dice que, hace un tiempo, pudo tener la gran satisfacción de encontrarle un hogar al gato mas tierno que ha conocido hasta ahora. Yo añadiría que tierno y peculiar. Pero dejemos que ella misma nos lo cuente:


Yo adoro los gatos y he sufrido por la perdida de tres. Solo uno era mío, los otros dos los quise rescatar de la calle, pero ya era tarde.

Seis meses atrás contraje matrimonio y, cómo es lógico, hay que empezar con poco, por lo que nos fuimos a vivir a una casa compartida, en donde había un gatito siamés. Creo que tal vez tenia tan solo unos 4 meses de edad. El pobrecillo no podía sostener su cabeza en alto, ni saltar ni equilibrarse bien. La otra familia me contó que, accidentalmente, le habían apretado la cabeza al cerrar la puerta de la heladera (nevera) y el gatito se quedó así.

Yo, como siempre, me enamoré de él, le di comida y lo llevé al veterinario. Lo vacunaron y aplicaron un tratamiento que lo hizo mejorar bastante. Sin embargo, en la veterinaria me dijeron que el gatito no podría ser normal nunca, porque los nervios de su cabeza se habían atrofiado por causa del traumatismo sufrido. Además, y para empeorar las cosas, el animalito había quedado sordo. Dijeron también que nunca saltaría alto, ni se sostendría muy bien. ¿Se imaginan? ¡Un gato sordo no puede cuidarse, y con problemas de equilibrio!

gato siamésPero llegó el día en que me tocó mudarme de aquella casa. Yo quise llevarme el gatito, pero lo que son las cosas; los dueños, que nunca le daban de comer ni no lo cuidaban o se preocupaban por él, no quisieron dármelo. En todo el tiempo que yo estuve allí y lo cuidé con todo mi esmero, el gatito mejoró mucho, y claro, ahora ellos lo querían. Mi marido le había puesto de nombre “Lelo” y aunque a él le gustan los animales y no sería capaz de lastimar a una mascotita, no es precisamente muy amante de los gatos. En definitiva, no pude llevarlo conmigo, como estaba deseando.

No pasó una semana desde que nos habíamos mudado, cuando sus descuidados «dueños» le dejaron la puerta abierta, y Lelo salió a la calle. Cuando lo supe lloré toda la noche, pensando que le había ocurrido lo peor. Gracias a Dios, alguien lo había encontrado y llevado a la veterinaria que estaba cerca. Estuvo allí hospedado por un mes, mientras le buscaban un hogar donde realmente lo quisieran. Como ya mencioné, lamentablemente, mi marido no es amante de los gatos.

gato siamesAfortunadamente Lelo encontró un buen hogar, en donde ahora lo llaman «Leo». Vive con una pareja de recién casados que lo adoran y lo tratan muy bien, y se ve que el gatito es feliz. No hay un día en que yo no piense en él. Siempre tengo conmigo una foto suya. La tengo en mi Messenger de yahoo. Un día, cuando lo cuidaba, dije que le tomaría una cuantas fotos, y acabé tomándole 104. Como es sordito se me hizo difícil captar su atención para obtener alguna pose interesante. Muchas salieron algo desenfocadas, pero para mi son un preciado tesoro.

Los felinos (gatos, tigres, leones, etc.) siempre han sido mi pasión, se me acelera el corazón por la emoción solo de estar cerca de uno, o ver sus fotos. No entiendo por qué, pero siempre fue así. Tengo un gran amor por los animales, y aunque no soy vegetariana creo que si tuviera que cazar mi comida tal vez lo sería.

Felicito a todos los que leen o tienen blogs como este. Nunca pensé que hubiera tanta gente que se preocupa por esta especie, que es tan mal calificada por muchos idiotas que están muertos por dentro. Tengo la esperanza de que, un día no muy lejano, las personas tomemos conciencia de la importancia de cuidar a estos animales.

Yo leí la historia de mínimo hace ya una semana, y aunque me conmovió mucho y lloré no me animé a dejar ningún comentario. Hoy, 7 días después, no he dejado de pensar en tan triste relato y me decidí.


NOTA: Gracias a Patricia por su interesante y emotiva historia de amor hacia un gato. Como ya le dije, en mi opinión, si bien la audición es uno de los sentidos vitales en el gato, su falta no es una merma importante en su calidad de vida, al menos como animal doméstico. El fenómeno de la audición no es sino la captación de las vibraciones que, transmitidas a través de un medio, generalmente el aire, llegan a los oídos y hacen vibrar los tímpanos. Pero los sonidos también se transmiten por el agua y a través de los sólidos, y en forma mucho más rápida que por el aire.

Haz la prueba, y pega tu oído en el suelo, y ya me dirás todo lo que puedes escuchar. Por medio de las sensibles almohadillas de sus patas, un gato puede captar los sonidos del entorno, a través de las vibraciones que se transmiten por el suelo y otros sólidos. Y mediante sus sensibles bigotes y las brisillas, puede percibir vibraciones a través del aire. Un gato sordo no está desamparado, en lo absoluto. Peor es el asunto de la falta del equilibrio, ya que, siendo su tendencia natural subirse a sitios altos, podría tener un accidente. Considero que, para un gato, peor es quedar ciego, y también sobre eso tenemos una próxima historia de amor.


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9 respuestas a El gato sordo

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