La gata Ramona

Gata Ramona Hace casi 16 años, Avril González, siendo una niña de 11 años por aquel entonces, de la casa de una tía sacó a escondidas una gatita pequeña, peluda sucia y hambrienta a mas no poder, porque estaba segura de que allí no sobreviviría. Sus padres la aceptaron de inmediato.

Cuando el necesitado animalito vio el plato de comida se metió adentro y lo defendió posesivamente, lanzando zarpazos a diestra y siniestra con sus pequeñas patita, por si alguien pretendía quitársela. En ese momento, la gatita no sabía que ya nunca más tendría que pelear por comida, porque siempre tendría el plato lleno y nadie que lo disputara.

Mientras veía crecer a su querida «Ñaña» como ella le decía, y disfrutaba con sus travesuras felinas, Avril no se daba cuenta de lo que aquella gatita llegaría a ser para ella y su familia. Ramona dormía en la cama, a sus pies, y a las horas de las comidas, los llamaba con sus peculiares maullidos cuando quería pedir una participación en las delicadezas culinarias del momento. Las aceptaba muy bien, pero, con sus ojitos azules les decía:

Muy buenas las croqueticas, ¿pero no habrá algo de ese atuncito que tanto me gusta?

¿Y quien se puede resistir a esas peticiones? Avril considera que con Ramona fue un madre consentidora, pero que la gatita se lo gano de verdad, pulso a pulso, con todo el amor felino que le dio.

Ramona nunca fue buena para parir, pero la ausencia de sus propios gatitos la compensó con una perrita, de nombre Maya, con la que siempre se llevó muy bien, aunque Ramona intuía que la especial era ella. Avril comenta que, en ocasiones le daba la impresión que Ramona se creía una persona más. Y para ella, su gata Ramona lo era. De comportamiento muy independiente,  tenía un carácter muy definido, con sus gustos y manías, como cualquiera. Una de ellas era no beber del balde donde bebía el perro, ni en ningún otro sitio que no fuera de un vaso. Al principio fue un tira y encoge entra Avril y Ramona, pero al final, para la nena de la casa agua en vasito.

Otra de sus peculiaridades era que le gustaba dormir al calce de la ventana. El problema era que vivían en un tercer piso y, tanto va el cántaro a la fuente que… Con un buen susto Ramona aprendió lo que es una caída de altura sin paracaídas, cuando, por andar corriendo, no midió bien y se fue por la ventana. Gastó una de sus vidas, pero no le ocurrió nada.

gata Y pasaron los años en feliz y mutua compañía, Hasta que sucedió eso para lo que ninguno nos preparamos, ni queremos pensar en ello, y Avril mucho menos; que Ramona enfermó. Apareció un bultito en su pecho que resultó ser un quiste. El veterinario opinó que si no dolía ni crecía, con 14 años que ya tenía Ramona era mejor dejarla tranquila. Y así fue durante casi un par de años más. Pero, al final, los pulmones no le funcionaban bien y la gata tenía serios problemas para respirar, y se notaba que sufría. Con una mirada de sus ojitos azules, un día Ramona le dijo a Avril: ¿Sabes? Ya es hora de que me vaya a descansar.

Durante aquellas semanas de agonía, Avril había sentido como si su mundo se acababa; pero comprendió que era muy egoísta de su parte querer mantenerla a su lado a costa de sufrimiento, y hace un par de meses autorizó al veterinario para que le pusiera la inyección final. En los ojitos de Ramona, Avril notó de inmediato la tranquilidad que, durante días, la gata no había tenido debido a su enfermedad. Se quedó dormidita y caliente en su camita, que Avril abrazaba con fuerza.

El próximo mes de Septiembre, la gata Ramona cumpliría 16 años de dichosa vida en compañía de su familia humana, en Poza Rica, en el Estado de Veracruz, México.

El golpe para Avril, su hermana y sus padres ha sido fuerte. Pero saben que su querida «Ñaña» se encuentra por esos cielos a donde se van los animalitos. Allí deberá estar corriendo con otros muchos gatos, incluido mi querido Mínimo, quien para mi fuera «mucho más que un gato» que este 4 de Junio cumplió dos años de habernos dejado, y al que no puedo olvidar, ni quiero hacerlo.

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