
Pueden ser múltiples las causas por las que un niño llegue a tener miedo a algo. Que sea por una mala experiencia personal se entiende. Pero la mayoría de los miedos que llegamos a tener son herencia de nuestro entorno familiar; nos trasladan sus propios miedos, aversiones y desagrados.
Sucede mucho respecto a ciertos alimentos o comidas que a nuestros progenitores no les agradan. Esos miedos “heredables” abarcan también a los animales. Si alguno de los padres tiene miedo a determinada especie animal, lo trasladará a sus hijo, o por lo menos lo intentará.
Conozco ahora un niño de cuatro años, que tiene temor hacia los perros. Pero, en este caso, ninguno de los padres tiene miedo hacia los animales. De hecho han tenido gatos hace tiempo. No estamos ante la presencia de un temor heredado. El asunto es que su madre no quiere que al niño se le quite ese miedo por los perros.



- Madrid
RSS de las entradas











