A principios de noviembre nos fuimos desde Madrid hacia Alicante con unos amigos, viajando en dos coches. Yo llevaba la intención de ver allà unos “coches viejos” que tanto me gustan, pensando en la posibilidad de comprar uno para restaurarlo.
Unos pocos kilómetros antes de llegar a la población de Elda, Deborah me preguntó si no Ãbamos a parar allà para enseñarle a mis amigos aquel antiguo desguace abandonado, en el que solÃa haber coches muy antiguos y que siempre nos pareció que encerraba cierto misterio.
Yo ni me acordaba de aquel desguace. Imaginé que ya no quedarÃa nada de todos los tesoros de antaño; pero aunque no entraba en los planes, me apeteció parar un rato, lo que nos vendrÃa bien para estirar las piernas y poner gasolina.
Una vez llegando al municipio de Elda por la autovia A-3, hay que reducir mucho la velocidad e ir muy atento para no pasarse la salida que conduce a una gasolinera. Desde allà se puede ir andando hasta el desguace, ya que no hay vÃa de servicio, sino una simple salida consistente en una una corta y cerrada curva que apenas dista tres o cuatro metros de la autovÃa.
Detuvimos los coches y nos bajamos los cuatro. Apenas Debora puso un pie en el suelo dijo: «¡Hay nene, mira que gatita mas guapa!»
«¡No! !Más gatos, nó! Déjala tranquila, que seguro será de la gasolinera.»



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