Otro año que finaliza y, para mi satisfacción, ha sido entre perros y gatos. Ya en mi otro blog les he deseado a todos un próspero año y felicidad para el 2008.
Para este año que ya entra habrá un cambio en este blog, que les anunciaré prontamente. Para todos los que son, de verdad, amantes cuidadores de los animales, les deseo que toda su bondad se les retorne multiplicada por cien. ¡Feliz año!



- Madrid
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Recuerdo que yo tenía quince años cuando un tío nos llevó a los montes del Puerto de San Isidro, en la línea divisoria entre Asturias y León, España. Junto con mi hermano y dos primos pasamos un par de semanas en una cabaña de pastores, en un lugar conocido como La llana de el Fitu, un lugar que es hoy día muy concurrido por las pistas de esquiar. Mientras mi tío se iba a pescar truchas, afición a la que dedicaba todo el día con excelentes resultados, nosotros teníamos todo el tiempo libre. Yo pronto descubrí que a una llanada cercana llegaba una manada de caballos, temprano en la mañana, y se marchaban en la tarde. Y allí los esperaba yo, sentado en medio de la hierba. Al poco, ya los animales me rodeaban y yo jugueteaba con los potrillos, como si fuera uno más.
La siguiente es la narración que hace la señora Esther García, y que transcribo de un correo electrónico que me envió hace ya un tiempo, después de haber leído mi cuento: “Mucho más que un gato”.





