Encontrarás mucha gente, demasiada, que ante tus muestras de pasión por tu caballo, tu perro, tu gato o tu mascota, te dirán: «es simplemente un animal».
Yo ya he desistido de intentar explicarles, porque suele ser inútil. Tú sabes perfectamente que no, que para ti no es simplemente un caballo, no es simplemente un perro, no es simplemente un gato. Pero, como dicen en el hermoso vídeo que les dejo a continuación, es que esas personas «simplemente no entienden»





- Madrid
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Recuerdo que yo tenía quince años cuando un tío nos llevó a los montes del Puerto de San Isidro, en la línea divisoria entre Asturias y León, España. Junto con mi hermano y dos primos pasamos un par de semanas en una cabaña de pastores, en un lugar conocido como La llana de el Fitu, un lugar que es hoy día muy concurrido por las pistas de esquiar. Mientras mi tío se iba a pescar truchas, afición a la que dedicaba todo el día con excelentes resultados, nosotros teníamos todo el tiempo libre. Yo pronto descubrí que a una llanada cercana llegaba una manada de caballos, temprano en la mañana, y se marchaban en la tarde. Y allí los esperaba yo, sentado en medio de la hierba. Al poco, ya los animales me rodeaban y yo jugueteaba con los potrillos, como si fuera uno más.
Mi mundo animal es mucho más que perros y gatos. Mi amor más temprano fueron los caballos; dicen que desde que abrí los ojos y vi el primero. En mi pueblito montaraz no era difícil, solamente necesitaba asomarme a la ventana.





