No me cambies la rutina

Boxer

Anécdota canina

Cuando estoy solo en casa, tengo cierta rutina matutina.

Al levantarme, Penélope me está esperando impaciente para recibir sus dos galletitas para perros, que se devora en un instante. Mi gato Rufo se pone ante el refrigerador, para que le de su ración de unos cuantos trocitos de hígado de res, por el que se desvive.
Después pongo la cafetera y voy preparando la mesa para el desayuno. Es algo que Penélope espera con más ansias que sus dos galletas, pues desayunamos juntos. Luego de eso, abro la puerta delantera y los dos vamos hasta la gran jaula de las tres loras, para limpiarla y darles de comer.


Pero uno de estos días, después de poner la cafetera una vecina me llamó y yo fui hacia la puerta. Penélope, que estaba junto a la mesa, se me atravesó, torciéndose de mil maneras, ladrando y vocalizando todo su amplio repertorio. No quería que yo saliera. Tardé unos momentos en darme cuenta del motivo de su comportamiento. Ella pensaba que yo iba a arreglar a las loras antes de desayunar, y quería impedírmelo. Me estaba diciendo muy claro que no cambiara la rutina; primero nuestro desayuno, después lo otro.

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