• Blog personal sobre perros, gatos y animales en general; fotos, cuidados, anécdotas.

A 360 días de su pérdida.

Penélope y yo Un enorme vacío fue lo que quedó después que Penélope, mi última y maravillosa perra boxer, diera su último ronquido hace un año. Nada ha podido llenarlo. Hay días en que se hace difícil vivir con un agujero tan grande en el corazón.

El último ronquido de Penélope

Penélope, perra boxer Fue una mañana lluviosa y fría. Penélope y yo salimos a pasear por Madrid, como todos los días desde que, unos meses antes, la había logrado traer desde Venezuela. A ella le agradaba el clima frío, pues podía caminar y correr durante horas sin fatigarse. Pero, en los dos últimos meses, para ella las cosas habían cambiado con demasiada rapidez. Sobreviviente a envenenamientos y diversas enfermedades e infecciones severas, esta vez luchaba contra algo que ni los medicamentos ni los cuidados podían vencer.

Aullando por tus animales perdidos

Lobo aullando en el bosqu
Cuando mi gato Mínimo vivía, uno de los sitios externos en donde le gustaba meterse a dormir, era un espeso macizo de flores en al jardín trasero. Cuando yo llegaba a casa y abría el portón del garaje, mi perra boxer Penélope venía a mi encuentro, saltando de alegría, contoneándose y torciéndose toda. Sin embargo, su hermana Montserrat iba hacia atrás. Buscaba al Mínimo en su macizo favorito, o por sus otros sitios de costumbre, para avisarle que yo había llegado. Después que el Mínimo murió, Montserrat siguió manteniendo ese mismo comportamiento, buscándolo. Ella nunca comprendió que su querido y dulce gato no volvería.

Viajando en familia

Viajando en el auto con un perro Hay que haber crecido manejando un vehículo 4×4, para saber todo lo que se puede hacer con uno, fuera de la carretera y sobre ella. Yo aprendí a manejar al volante de un viejo jeep Willys, cruzando barrizales y ríos, por las que entonces (1967) eran unas tranquilas carreteras de tierra, en la zona costera entre Los Caracas e Higuerote, en Venezuela. Años más tarde, poco después de que mi segundo hijo naciera, descubrí las bondades y la versatilidad del espacioso interior de las camionetas rancheras (berlinas) para los viajes en familia; desde entonces, los vehículos monovolúmenes han sido mi elección.

No me cambies la rutina

Boxer Anécdota canina Cuando estoy solo en casa, tengo cierta rutina matutina. Al levantarme, Penélope me está esperando impaciente para recibir sus dos galletitas para perros, que se devora en un instante. Mi gato Rufo se pone ante el refrigerador, para que le de su ración de unos cuantos trocitos de hígado de res, por el que se desvive. Después pongo la cafetera y voy preparando la mesa para el desayuno. Es algo que Penélope espera con más ansias que sus dos galletas, pues desayunamos juntos. Luego de eso, abro la puerta delantera y los dos vamos hasta la gran jaula de las tres loras, para limpiarla y darles de comer.

El último pedacito es mío

Boxer PenelopeYo comía un McPollo, sentado cómodamente en mi casa. Como de costumbre, Penélope, mi perra boxer, estaba sentada a mi lado derecho, disfrutando de las papitas fritas que yo le iba dando poco a poco. Yo estaba un poco distraído leyendo unas notas, y abrí la boca para engullir el último bocado que quedaba, cuando escuché sus quejidos y la presión de su pata sobre mi pierna. Detuve mi acto, la miré y noté su cara con expresión de angustia, salivando y casi gritándome: Te vas a comer el último pedacito. Por los pelitos. Casi me lo como. Yo acostumbro a darle el último pedazo.

¿Como perros y gatos?

Perra boxer y gato
¿Quién dijo que los perros y gatos no pueden convivir con cierta armonía, paz y tanquilidad? Esta foto es de Penélope, mi perra boxer, y mi gran gato Rufo. Introducir un gato en un ambiente de dos perras boxer adultas, que nunca han compartido con uno, quizás lleve un poco más de trabajo, sobre todo si ya el gato es grandecito, como en el caso de Rufo, que lo adoptamos teniendo cinco meses. Pero no es ningún imposible. Claro que él contribuyó bastante, pues es muy sociable.

Yo no fui, fue mi hermana.

Dos perras durmiendo juntas Anécdota canina. Una noche, acompañado por mis dos perras boxer, Montserrat y Penélope, dábamos la usual ronda por los jardines y patios que rodean la casa, antes de cerrar para acostarnos. Encontré rota la bolsa de plástico con la basura, que yo había dejado junto al portón de acceso para vehículos. Iba a sacarla en la mañana siguiente que pasaría el camión recolector. El contenido estaba esparcido por el suelo. Yo levanté la voz, lo que es muy inusual cuando hablo con mis animales. Pregunté quién la había roto, y ellas notaron que yo estaba molesto.