• Blog personal sobre perros, gatos y animales en general; fotos, cuidados, anécdotas.

Paseando al gato

Gato paseandoPara Aiko, nuestra gatita siamesa, salir a pasear es un enorme placer.

Yo comencé el día que la vi asomada a una de las ventanas del apartamento, mirando hacia fuera con interés y tristeza; siguiendo con la mirada todo gorrión o paloma que pasara volando, o a los niños del colegio cercano. Porque ella sabía que allá afuera había más vida, aunque no fuera mucha la que ella había visto; ya que las pocas veces que salió, fue metida en un transportín (kennel) de camino al veterinario.

Precisamente por motivos del problema de temor al veterinario, del que escribí en un post anterior, le compramos un nuevo transportín, de tela esta vez, algo más pequeño y manejable, que se puede llevar al hombro o de la mano, como un bolso. Tiene entrada lateral, pero también por la parte de arriba, lo que permite que la gatita pueda llevar la cabeza afuera, para ir mirando el mundo con más comodidad; claro que sujeta interiormente con una correa, por si acaso le da por saltar afuera. Quedo debiéndoles las fotos, para la próxima.

El nuevo bolso transportín ha sido todo un éxito. En cuanto ve que le buscamos el arnés o agarramos la correa, ella va y  se mete adentro, quedándose agazapada, esperando. Cuando quiere salir, solamente le falta venir ella misma con su correa en la boca. Otras veces, ella nos manifiesta su deseo metiéndose en el bolso cuando la estamos mirando, o dando vueltas y maullando junto a la puerta. El otro transportin, el rígido, Aiko lo utiliza para dormir dentro, cuando le apetece. Lo encuentra cómodo y seguro.
Gato paseando sobre la bardaEn las callejeadas, yo la llevo con un arnés puesto, y la correa. Como todo gato, ella tiene predilección por caminar por los bordes de los muros, y le encantan las largas y estrechas bardas y pasamanos. Eso es bueno para que desarrolle bien su sentido del equilibrio. Y buena falta que le hace, porque en el apartamenteo, a poco que nos descuidemos, ya ella está caminando por el barandal del balcón, a tres pisos de altura.
Gato paseandoEn nuestros paseos, un poco vamos por los sitios de los días anteriores, donde los olores ya son reconocibles para ella. Otro poco la llevo por nuevos sitios, donde tiene que detenerse ante cada flor, poste, árbol o lo que sea, para identificar los nuevos olores.
Gato paseandoLo único que no le agrada es el ruido de las motos, ni a mi tampoco. Pero de perros, pájaros y otros animales, ella pasa desentendida, de la manera más olímpica. Casi no les presta atención. Aún no nos hemos encontrado con otros gatos cerca. Tampoco ella ha visto una gallina, caballos o animales de gran tamaño. Ya veremos que ocurre cuando llegue ese día.

En nuestro paseo por la calle, un rato yo la llevo cargada en brazos, y ella se porta de lo mejor. La mayor parte del tiempo ella va mirando hacia adelante, algunas otras mira hacia atrás, por encima de mi hombro. Por cierto que la gente se asombra cuando me ven pasear un gato de esa manera. Entiendo que no es usual pasear gatos.

Pero muchísimo más inusual es encontrarse que pasean a un gato dentro de un cochecito de bebés. Mi esposa quedó asombrada cuando lo vio en la calle de Goya, en Madrid. El gato iba acostado dentro del cochecito y cubierto parcialmente con una manta. Ella lamentó tanto no tener una cámara fotográfica en ese momento, que terminó comprándose una digital pequeña, que ahora lleva para todas partes dentro de su bolso. No pierde la esperanza de volver a encontrar a la mujer y al gato en el cochecito.

Actualización 16-09-2009: Encuentro un artículo escrito el 25-09-2003 en el blog “psicofxp.com” que se titula, precisamente:  Sacando a pasear al gato, que considero conveniente enlazar ya que explican bastante bien el proceso necesario para acostumbrar al gato al uso de correa; explicación que yo no tuve ganas de hacer.

Mis post relacionados con este mismo tema:
De paseo con el gato.
¿Quién dice que un gato no puede pasear?

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5 comentarios

  1. Lo que peor lleva Aiko de los paseos con la correa es caminar cuando uno se lo pide, prefiere hacerlo a su aire… Por cierto, ultimamente lo que quiere es callle, calle, calle!!!

  2. CUando vivia en Canarias, yo paseaba casi todas las noches porla playa las Canteras con mi gata Kaluha, disfrutaba mucho correr por la arena y perseguirme cuando trotaba.

    Ahoa en Venezuela la pobre se la pasaba encerrada en un apartamento y siempre quería salir a la calle a pasear y cuando no podia se ponia muy triste, yo vivo en un piso 9 y tratando de pasarse al apartamento de al lado casi se cae al vacio, mi otro gato James es mas tranquilo, pero detestaba a mi esposa y empezo a tener la costumbre de orinarle sus cosas

    Mi relación con mi esposa a causa de lo gatos se puso muy tensa y no me quedo mas remendio que regalarlos…pero no se asusten, los tiene un amigo mio que tiene un chalet con jardin, todas las semanas los visito, Kaluha muy feliz de poder entrtar y salir cada vez que quiera y James ya es el rey de la casa junto a la perra de mi amigo que los adora, gracias aDios la historia tuvo un final feliz

  3. el gato te mira de tu a tu :se cree superior en muchos casos y siempre observando

  4. Pingback: ¿Quién dice que un gato no puede pasear?

  5. Hola a todos, solo escribo para decir que buestras historias me parecen preciosas, me encantan los gatos tuve la fortuna de criarme en una zona ajardinada plagada de ellos y en alguna ocasión tuve incluso la ocasión de asistirlos en partos, y la verdad es que me encanta ver que hay gente como vosotros que se preocupa así por ellos, yo tengo uno en casa de mis padres y en su momento lo intenté sacar a pasear, pero la verdad es que el pobre de pequeño estuvo muy enfermo y creo que le cogió miedo a la calle porque siempre que salía era para ir al veterinario, pero en fin ahora tiene unos 12 años y está bastante sano y feliz ya que cuenta con un pequeño gardín que tienen mis padres donde puede coger sol y mojarse cuando llueve cosa que le encanta 🙂 Bueno, no me enrrollo más muchísimas felicidades por esa adoración felina, que de pequeña también me tocó ver e incluso enfrentarme con los típicos chiquillos de barrio cuya diversión era torturar a estos nobles animales en ocasiones más humanos que mucjas personas.

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