
¡Papá, Aiko no me deja trabajar!
Llevo escuchando esa frase durante los tres años de edad que tiene la gata, desde el primer día que llegó. Es que le encanta estar sobre el teclado del portátil.
Uno de los motivos lo tenemos claro: le agrada el calor que genera. Pero hay otros más.





- Madrid
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Cuando nos es posible, nosotros elegimos sitios específicos de nuestro hogar en donde preferimos estar: la mecedora del balcón, la hamaca en la terraza, o el cómodo sillón frente al televisor. Los animales hacen otro tanto, aunque no necesariamente por nuestros mismos motivos. Nuestra gata siamesa Aiko se ha adaptado bien al nuevo apartamento de mi hija y su esposo. Ya ha elegido sus sitios favoritos, según lo que quiera hacer o evitar.
Como les dije, en este artículo vamos a ilustrar algo de lo que un gato hace para subir a un árbol. Me refiero a un gato sin experiencia adecuada en el asunto de la trepada. ¿O acaso creen que ellos ya nacen con eso aprendido? Pues no es así. Es evidente que subir a un árbol se les hace fácil. Pero, amigo, bajar no lo es tanto. Y esa es la parte que necesita entrenamiento. Y ya me dirán como enseñarle al gato cuando no tiene una madre, un hermano u otro congénere que se lo muestre.
En mi artículo anterior sobre este tema, y que titulé Paseando al gato, ya referí lo adecuados que son los gatos siameses para acostumbrarlos a ser llevados de una correa. Y también les referí la cara de asombro de las personas, ¿verdad?
Por los motivos que ya referí en el post titulado 
Es bien conocido que los gatos son curiosos y les gusta los lugares cálidos. A nuestra gata Aiko le encanta acostarse sobre el router, y cerca de la salida de aire de cualquier laptop, mejor si hay varias sobre la mesa. Pero no puede resistir mucho tiempo sin asomarse por algún lado para mirarme, cuando me río o digo algo. Así que, yo tampoco pude resistirme a tomar esta instantánea de mis dos gatitas, asomando sus rostros por encima de las pantallas.
Para Aiko, nuestra gatita siamesa, salir a pasear es un enorme placer.
Nuestra gatita siamesa Aiko, para quien el veterinario no tenía más que alabanzas debido a su buen comportamiento, ha cambiado radicalmente. Cuando la llevé hace semanas, no quería ni salir de su transportín. Nada más ver el estetoscopio se puso tan arisca que fue imposible que el veterinario se le acercara. Así que decidimos omitir el examen y ponerle la vacuna que le faltaba. Yo la tenía en brazos, y cuando el hombre se acercó con la inyectadora (jeringuilla) en la mano, ella volvió a sacar a relucir su carácter de gato siamés. ¡Hasta tuvo la osadía de esgrimirme frente a la cara una de sus zarpitas con las uñas afuera, amenazadoramente, mientras bufaba y enseñaba los dientes! Fue como si me estuviera diciendo: “No sigas o te doy un zarpazo”.





