Aiko es una gata siamesa que hace unos pocos años se adueñó de un par de humanos (mi hija mayor y su esposo), quienes le sirven de cuidadores y alimentadores, a los que tiene bien entrenados para satisfacer casi todos sus gustos y necesidades, así como algún que otro capricho. Sin embargo, Aiko no ha podido evitar que, de cuando en cuando, esos cuidadores humanos se le impongan y realicen acciones que a ella no le gustan, tales como llevarla al veterinario, darle medicinas o ponerle unas pipetas de líquido para el cuidado de su piel.
En este nuevo intento se le han podido aplicar las dos cajas del Dermoscent (ocho pipetas) en un tratamiento de ocho semanas continuas de duración, justo para acompañar el nuevo pelaje de invierno.
Los animales mamíferos en libertad mudan el pelo dos veces al año. Uno corto, más fresco, para el verano, y un manto de invierno más tupido, con una densa capa interna protectora, como puede apreciarse mejor en lobos, caballos y vacunos. Algunos animales salvajes hasta cambian el color, como el zorro ártico, que en invierno es blanco. Pero los animales criados en establos y los domésticos que viven preferentemente en interiores, han ido perdiendo la capacidad para esos cambios tan acusados, puesto que no los necesitan.





- Madrid
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