• Blog personal sobre perros, gatos y animales en general; fotos, cuidados, anécdotas.

Adiós, amigo Merlín

un gato sobre la camaA poco de publicar el post anterior sobre «Merlín, el gato misterioso» y una de sus aventuras, mi amigo Juan Luis me envió la siguiente noticia: Ayer tuve a Merlín “encerrado” en mi despachito, para poder observar como iba lo de una herida en la boca, con la que apareció a consecuencia de algún golpe durante alguna de sus correrías. Esta mañana al levantarme se encontraba perfectamente, pero había manchado con algo de sangre el sitio donde ha dormido. Le hemos puesto pienso blandito y ha comido bien Como siempre, por ser de día no se ha dejado ni tocar, ya que solo lo permite de noche, pero ha intentado escaparse a la calle. Un par de horas después me ha llamado mi mujer para que viniese a buscarla y llevar a Merlín al veterinario, porque al parecer estaba sangrando más por la boca y no parecía cortársele.

Merlín, el gato misterioso

Un gato sobre un autoEra una noche de viernes muy, muy lluviosa del invierno pasado y llegábamos a casa a altas horas, de cenar con unos amigos en Madrid. Al entrar en nuestro callejón pudimos verlo en medio de la calle, a escasos metros de casa, empapado en agua estaba un pequeño gato, de quizás unos cuatro meses, que intentaba comerse los restos de un trozo de pan empapado de agua en un charco formado por la persistente lluvia. Obviamente no se dejo coger, salio despavorido en cuanto me baje del coche. Yo no lo había visto nunca por allí, pero estaba claro que  un gato comiendo restos de pan bajo la lluvia debía estar mas que hambriento, y seguramente con un buen resfriado rondándole. Fue una verdadera lastima no poder cogerlo, porque en esas condiciones yo no le auguraba un buen futuro. Pasaron los días y aquel episodio quedó en una anécdota. Dábamos por hecho que no volveríamos a ver a aquel gato. Días después sucedió lo que hubiera sido un curioso y quizás insignificante hecho, de no ser por que se repitió durante tres o cuatro días. Por las mañanas, el ruido que hacia la persiana de la habitación al levantarla, hacía salir despavorido algún gato que presuntamente debía de estar durmiendo en una caja que teníamos en el alfeizar de la ventana. En una casa con gran familia gatuna como la mía, se podría pensar que era cualquiera de nuestra “colonia”.  Pero resultó que no era así, se trataba del mismo gato que vimos bajo la lluvia días antes.