El escrito que colocaré a continuación se originó en un comentario del día 18 de julio de este año, en el capítulo 4 y último de Mucho más que un gato.
Identificada como Nube, de Quito, Ecuador, ella se decidió a escribirlo cinco días después que varios de sus gatos murieran envenenados el 12 de Julio. Le ocurrió algo parecido a mi. Ponerse a escribir el comentario fue un tanto terapéutico. Sirvió para sacarse de adentro algo de tanta amargura, tanto dolor, tanta desesperación y tanta rabia e impotencia, así como para enjugarse el llanto. Ella dice: Al leer tu pagina -el cuento titulado Mucho más que un gato- no pude evitar las lagrimas por mis gatitos. Murieron hace 5 días (12 de julio) envenenados por algún vecino cruel y despiadado que puso veneno.

En un artículo pasado, que titulé
El cuidado alimenticio de las futuras madres.
En mi artículo anterior sobre este tema, y que titulé Paseando al gato, ya referí lo adecuados que son los gatos siameses para acostumbrarlos a ser llevados de una correa. Y también les referí la cara de asombro de las personas, ¿verdad?
Iniciando la categoría de «Historias de amor» dejo un relato de amor hacia los gatos. Es una historia de alegrías y también de tristezas, de hacer el bien sin esperar otra cosa que el bienestar de un animalito, malquerido por otros. Se originó en un comentario dejado en el cuarto capítulo de los posts titulados «Mucho más que un gato» que narra la historia de mi fallecido gato Mínimo. Los hechos que leerán a continuación, son narrados por Patricia, desde Santa Cruz de La Sierra, en Bolivia, ciudad que ella define como:









